De forma esquemática, la coquería de Avilés clausurada en 2019 y cuya demolición comenzará en pocos días era una planta de destilación que cumplía un papel vital para la existencia de un proceso siderúrgico integral, el que hace posible obtener chapa de acero a partir de dos minerales carbón y hierro.
El papel de la coquería es transformar carbón bituminoso en carbón de coque, lo cual ocurre a 1.200 grados centígrados y sin contacto con el aire en las llamadas baterías, que deben su nombre a la disposición a modo de celdas como las de las baterías de los coches una serie de hornos en cuyo interior se produce la conversión del carbón en cok siderúrgico (coque). El uso de este producto es, fundamentalmente, alimentar los hornos altos para –junto con la necesaria aportación de mineral de hierro– obtener el arrabio, la materia prima que la acería transforma en acero.
Las instalaciones tienen patente alemana pues el diseño se encargó a la empresa Didier, que concibió una estructura que fue ligeramente modificada para su adaptación a las características del terreno avilesino por los ingenieros de Ensidesa Amalio Hidalgo y Alberto Mallol. Los primeros proyectos técnicos para las baterías de coque tienen fecha de 1953 y la puesta en funcionamiento de los hornos data de 1956.
La coquería de Ensidesa tenía diez baterías –si bien en las últimas décadas solo funcionaban ocho– y cada una de ellas cuenta con treinta hornos. En términos de capacidad, la instalación consumía al día 5.500 toneladas de carbón y proporcionaba 4.200…


