Es alarmante observar que, como resultado de una constante polarización, desencuentros, denostaciones, descalificaciones y hostilidades cotidianas generadas por una incomprensible política pública de Palacio Nacional, se normaliza la hostilidad en nuestro país. Se usa y abusa de la distracción como recurso ante los graves problemas nacionales y del ridículo internacional resultado de absurdos desplantes.
Evidentemente se ignora que un estadista ha de aplicar su energía para gestionar y resolver conflictos, no para crearlos y que es del todo inconveniente que le afecte una personalidad tóxica, cuyos síntomas consisten en quejarse de todo, hacerse la víctima, hablar de sus problemas, actuar negativamente y vivir criticando, entre otros.
A partir de falacias, desinformación, mentiras y la entrega de dinero se pretende alcanzar una dominación de la voluntad popular haciendo creer a la población que toma decisiones. Esa enajenación no deriva de una imposición violenta, sino de la ilusión de que se elige a alguien o algo.
Tal es el caso de la recolección de firmas para barnizar de legal la solicitud para la realización de la consulta de revocación de mandato que se basó principalmente en el engaño difundido por los seguidores del inquilino de Palacio, haciendo creer a la gente que se trata de un proceso de ratificación de mandato y no de la revocación del mismo, que se pide a partir de la pérdida de confianza al Mandatario. Ese supuesto, el de ratificación de mandato, no existe en la Ley.
En las elecciones que se celebrarán este año en siete estados el electorado creerá también que elige gobernador o a integrantes de poderes legislativos o de ayuntamientos, según corresponda, cuando en realidad los partidos políticos, en atención a intereses cupulares de sus respectivas organizaciones, seleccionaron a los contendientes, ello sin contar la…


