Memoria selectiva por la verdad y la justicia

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Jueves, 24 de marzo de 2022. La Cámpora realiza una demostración de fuerza en Avenida del Libertador, utilizando la agrupación “Lealtad Montonera” como escolta. Las “orgas” trotskistas se adelantan en Plaza de Mayo. El presidente Fernández realiza un acto en un auditorio cerrado del Ministerio de Ciencia y Tecnología. Cristina tuiteaba desde su trono de calle Junín en apoyo de la movilización camporista.

El arco kirchnerista y filokirchnerista “festeja” la terrible fecha, a su manera. Unos, con una movilización multitudinaria con fuerte soporte logístico; otros, desde un lugar cerrado y con tímido mensaje; finalmente, la protagonista restante, sin abandonar el lugar de los “dioses”.

El motivo de la fecha fue lo de menos. Cada uno pretendía utilizarlo para mandar sus mensajes políticos en la interna oficialista. Los derechos humanos fueron un pretexto para posicionarse en la patética realidad argentina de la pelea doméstica.

Como se vislumbraba desde hace tiempo, los derechos humanos de los setenta se fueron “kirchnerizando” paulatinamente hasta dejar de ser causas de la humanidad, para pasar a constituirse primero en causas de determinado sesgo político y terminar, finalmente, a ser causas de la interna oficialista.

No fue de extrañar, entonces, que la sociedad en general casi ignorara las razones de este feriado raro, que en realidad existe desde hace tiempo, pero que nunca se terminó por instalar en el imaginario colectivo, tan solo en el relato de la ideología.

Es que, de movida, el kirchnerismo pretendió constituirse en el kilómetro cero de los derechos humanos, obviamente solo en aquellos referidos a los sucesos de los setenta.

Cuando Néstor Kirchner, sin sonrojarse, expresara el 24 de marzo de 2004 que venía “a pedir perdón en nombre…

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